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El diezmo en los cristianos

Texto Bíblico: Malaquías 3:8-12


Introducción


Cuando pensamos en el diezmo, es probable que recordemos sermones donde se cita los versículos de Malaquías con frases como: “¿Robará el hombre a Dios?” Estas palabras han sido repetidas tantas veces que, para algunos, son casi sinónimo de culpa y obligación. Nos hacen pensar que si no damos el 10% de nuestros ingresos a la iglesia, estamos en desobediencia a Dios. Pero… ¿es eso lo que realmente enseñan las Escrituras para los creyentes en Cristo? ¿O estamos hablando de una interpretación que ha sido manipulada para servir a intereses humanos?


El tema del diezmo no es nuevo, y, para ser honestos, ha dividido opiniones en el cuerpo de Cristo. Por un lado, sabemos que es una práctica bíblica, claramente instituida bajo la Ley de Moisés. Pero aquí viene la pregunta clave: ¿es cristiano? Al leer el Nuevo Testamento, algo salta a la vista de inmediato: ni Jesús ni sus apóstoles mandaron a la Iglesia a diezmar. En cambio, se enfocaron en algo más profundo, algo que trasciende las reglas y toca directamente el corazón: el dar con generosidad, amor y libertad.


Ahora bien, para entender el diezmo, debemos explorar sus raíces. ¿De dónde viene esta práctica? ¿Qué propósito tenía en el Antiguo Pacto? Y lo más importante: ¿por qué tantos pastores insisten en que los cristianos debemos diezmar? Estas preguntas son vitales, especialmente en una época donde el llamado “evangelio de la prosperidad” ha distorsionado el mensaje de Cristo, prometiendo riquezas materiales a cambio de obediencia financiera.


En este estudio, profundizaremos en tres aspectos clave:


  • ¿Qué dice la Biblia sobre el diezmo?

  • ¿Por qué el diezmo es bíblico, pero no cristiano?

  • ¿Cómo podemos discernir la verdad sobre el dar en la Iglesia?


No se trata solo de buscar respuestas intelectuales; esto es personal. ¿Qué nos dice Dios en su Palabra sobre nuestra relación con las riquezas y la generosidad? Te invito a reflexionar conmigo mientras examinamos este tema con humildad y oración. Porque, al final, lo que importa no es lo que otros dicen, sino lo que dice nuestro Señor.


I. ¿Qué Dice la Biblia sobre el Diezmo?


Cuando exploramos el tema del diezmo, muchas veces volvemos al Antiguo Testamento, donde fue instituido como parte de la Ley de Moisés. Para comprender por qué no aplica a los cristianos bajo el Nuevo Pacto, primero debemos examinar qué era el diezmo, cuál era su propósito y cómo se practicaba.


a. El Diezmo Bajo la Ley Mosaica


El diezmo, como se describe en el Antiguo Testamento, no era una simple sugerencia, sino un mandato explícito para el pueblo de Israel. Según Levítico 27:30-32, el diezmo consistía en el 10% de los productos agrícolas y el ganado: “El diezmo de la tierra, tanto de la semilla de la tierra como del fruto de los árboles, es de Jehová.” Es importante notar que no se trataba de dinero, ya que Israel era una sociedad agrícola, y los bienes eran principalmente físicos.


i. ¿Era el diezmo en el Antiguo Testamento sobre dinero?


El Antiguo Testamento nunca presenta el diezmo como una contribución monetaria. En cambio, las Escrituras se refieren constantemente a productos agrícolas, frutos y ganado. Este detalle es fundamental, ya que el diezmo estaba profundamente ligado al contexto económico y cultural de Israel, donde el sustento provenía del campo y no de transacciones financieras. Por ejemplo, en Deuteronomio 14:22-23, el pueblo debía diezmar del grano, el vino y el aceite.


ii. ¿El pueblo de Israel alguna vez diezmo dinero?


La única mención indirecta relacionada con dinero y el diezmo aparece en Deuteronomio 14:24-26, donde Dios permitía que, si alguien vivía demasiado lejos del lugar designado para entregar el diezmo, pudiera convertirlo en dinero, llevarlo al templo, y luego usarlo para comprar alimentos y celebrarlo allí. Esto refuerza que el propósito del diezmo no era recaudar dinero, sino honrar a Dios con las provisiones físicas que Él mismo había dado.


iii. ¿Por qué es importante esta distinción?


El énfasis en los productos agrícolas muestra que el diezmo nunca fue un sistema económico diseñado para generar riqueza personal o institucional. El diezmo reflejaba obediencia, gratitud y dependencia de Dios, no un medio de enriquecimiento. Esto contrasta profundamente con cómo se aplica el concepto de diezmo en algunas iglesias modernas, donde se exige dinero como si fuera una práctica obligatoria para todos los cristianos.


b. Malaquías 3:8-12: Contexto y Propósito


Uno de los pasajes más citados sobre el diezmo es Malaquías 3:8-12. ¿Cuántas veces hemos escuchado frases como: “¿Robará el hombre a Dios?” Este texto suele usarse para justificar la obligatoriedad del diezmo en la iglesia, pero debemos examinarlo en su contexto original.


i. ¿Cuál era el contexto en Malaquías?


Malaquías profetizó en un tiempo donde el templo y el sistema levítico seguían siendo centrales para la adoración. Los sacerdotes dependían de los diezmos para su sustento, y el descuido de estas ofrendas significaba que el culto a Dios sufría. Esto es evidente en Números 18:21-24, donde Dios instruye que los diezmos sean entregados exclusivamente a los levitas por su servicio en el templo.


ii. ¿Qué nos dice la historia sobre este período?


Durante el tiempo de Malaquías (alrededor del siglo V a.C.), el pueblo regresaba del exilio en Babilonia. El templo había sido reconstruido, pero muchos israelitas estaban descuidando su responsabilidad de sostener el sistema levítico. Malaquías 1:6-14 muestra que incluso los sacerdotes ofrecían sacrificios defectuosos, reflejando una actitud general de desobediencia y falta de reverencia hacia Dios.


Por lo tanto, “abrir las ventanas de los cielos” en Malaquías 3:10 no era una promesa financiera para individuos, sino un recordatorio del pacto de Dios con Israel: si ellos obedecían, Él bendeciría la tierra y las cosechas (Deuteronomio 28:12). Aplicar este pasaje al contexto cristiano moderno sin considerar su trasfondo histórico y cultural es una distorsión de las Escrituras.


c. El Diezmo y el Nuevo Testamento


Cuando leemos el Nuevo Testamento, algo queda claro: ni Jesús ni sus apóstoles enseñaron que los cristianos debían diezmar. Esto puede sorprender a muchos, ya que el diezmo se ha convertido en una práctica común en muchas iglesias. Sin embargo, el silencio del Nuevo Testamento sobre este tema nos dice algo importante.


i. Mateo 23:23: “Esto era necesario hacer”


Algunos predicadores citan Mateo 23:23, donde Jesús dice: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” Sin embargo, es crucial entender que Jesús estaba hablando en un contexto donde el templo y la Ley Mosaica aún estaban vigentes. Él dirigía estas palabras a los fariseos, quienes cumplían con el diezmo de cosas pequeñas como la menta y el eneldo, pero ignoraban asuntos más importantes como la justicia y la misericordia.


Este pasaje no es una orden para los cristianos de hoy. El Señor estaba condenando la hipocresía de los líderes religiosos, no estableciendo el diezmo como un mandato eterno. Después de su muerte y resurrección, el Nuevo Pacto reemplazó el sistema de la Ley, incluyendo el diezmo.


ii. ¿Qué enseñaron los apóstoles?


En lugar de enseñar sobre el diezmo, los apóstoles enfatizaron el dar generoso y voluntario. Pablo escribe en 2 Corintios 9:7: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Este enfoque refleja un cambio radical del sistema legalista de la Ley Mosaica hacia una vida transformada por la gracia de Dios.


iii. ¿Diezman los judíos en la actualidad?


En el judaísmo moderno, la práctica del diezmo, tal como se describe en el Antiguo Testamento, ya no se realiza. Esto se debe a la ausencia del templo en Jerusalén y del sacerdocio levítico. Sin embargo, algunos judíos observantes contribuyen con donaciones caritativas llamadas tzedaká, que no son equivalentes al diezmo bíblico.


Al examinar el diezmo en su contexto bíblico, vemos que nunca se trató de dinero y que estaba profundamente ligado a las estructuras religiosas del Antiguo Pacto. Sin embargo, muchas iglesias hoy predican el diezmo como una obligación cristiana. Esto plantea una pregunta importante: ¿de dónde surge esta práctica moderna de exigir dinero como diezmo? Exploraremos esto en la siguiente sección.


II. ¿Por qué el Diezmo es Bíblico pero no Cristiano?


Como ya hemos visto, el diezmo era un mandato específico dentro del Antiguo Pacto, diseñado para sustentar y sostener el templo, los levitas y a los necesitados.


Sin embargo, bajo el Nuevo Pacto en Cristo, el enfoque cambia radicalmente. Los cristianos ya no estamos sujetos a la Ley de Moisés, sino que vivimos bajo la gracia. Esta transformación afecta no solo nuestra relación con Dios, sino también la manera en que somos llamados a dar.


Pablo explica en Romanos 6:14: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” Este versículo nos recuerda que nuestra relación con Dios ya no se basa en reglas o mandatos legales, sino en un corazón transformado por el evangelio. Pero, ¿qué implica esto en la práctica, especialmente en relación con el dar?


a. El Cambio de la Ley a la Gracia


Bajo el Antiguo Pacto, el diezmo era una obligación específica para el pueblo de Israel. En Números 18:21-24, Dios ordenó que los diezmos fueran entregados a los levitas, quienes no tenían herencia en la tierra y dependían de estos para su sustento. De manera similar, Deuteronomio 14:28-29 estableció que cada tercer año los diezmos se usaran para cuidar a los huérfanos, las viudas y los extranjeros. Este sistema estaba diseñado para mantener el orden social y espiritual de Israel.


Sin embargo, Hebreos 8:13 declara que el Antiguo Pacto ha sido reemplazado por uno nuevo: “Al decir: Nuevo Pacto, ha dado por viejo al primero.” Bajo este Nuevo Pacto, el enfoque ya no está en una obligación legal, sino en la libertad de dar como una respuesta a la gracia de Dios.


i. El ejemplo de la iglesia primitiva


La iglesia primitiva reflejaba esta transformación. En Hechos 4:32-35, los creyentes compartían sus bienes voluntariamente: “Tenían todas las cosas en común… y se repartía a cada uno según su necesidad.” Este modelo no era un sistema legalista, sino una expresión de amor y unidad. La diferencia es crucial: mientras el diezmo era un mandato, la generosidad de los primeros cristianos era una respuesta espontánea al evangelio.


b. 1 Timoteo 5:18: ¿Qué Quiso Decir Pablo?


En 1 Timoteo 5:18, Pablo escribe: “No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.” Este versículo a menudo se utiliza para justificar que los pastores deben recibir un salario. Sin embargo, un análisis más profundo revela un balance en las enseñanzas de Pablo: aunque reconoce el derecho de los ministros del evangelio a ser sostenidos, él mismo eligió no ejercer este derecho. Su ejemplo refleja un compromiso profundo con el evangelio y un deseo de evitar cualquier malentendido o barrera para los nuevos creyentes.


i. El Significado y Contexto del Pasaje


Pablo combina dos citas bíblicas fundamentales para establecer su enseñanza. Primero, recurre a Deuteronomio 25:4, donde se dice: “No pondrás bozal al buey que trilla.” Este mandamiento protegía a los animales permitiéndoles comer mientras trabajaban, y Pablo lo aplica a los ministros, enseñando que ellos también tienen derecho a recibir sustento por su labor. Luego, cita Lucas 10:7, donde Jesús dice: “El obrero es digno de su salario.” Con esto, Jesús instruía a los discípulos a aceptar el apoyo que las personas les ofrecieran mientras predicaban.


Estas citas no establecen un mandato obligatorio para sostener a los ministros de una manera específica, como el diezmo. Más bien, reflejan un principio de mutualidad y cuidado dentro de la comunidad de fe, destacando la importancia de apoyar a quienes dedican sus vidas al servicio del evangelio.


ii. Pablo y el Oficio de Fabricante de Tiendas


A pesar de este principio, Pablo optó por un camino diferente: en lugar de depender económicamente de las iglesias, trabajaba como fabricante de tiendas para cubrir sus necesidades. En Hechos 18:3, leemos: “Y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas.” Este oficio le permitió evitar ser una carga financiera para las iglesias, asegurándose de que su mensaje no fuera malinterpretado como un medio para obtener beneficios personales.


Pablo explica su decisión en 1 Corintios 9:12: “Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.” Su prioridad era que nada distrajera del mensaje central del evangelio. Su ejemplo nos desafía a reflexionar sobre las motivaciones en el ministerio. ¿Servimos por amor al evangelio o por intereses personales? Pablo nos muestra que el verdadero ministerio está marcado por el sacrificio y la integridad.


iii. El Buen Pastor versus el Asalariado


Jesús ofrece una enseñanza clave en Juan 10:12-13, donde dice: “Pero el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye; y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.”


Aquí, Jesús contrasta al buen pastor, que da su vida por las ovejas, con el asalariado, que solo cuida de ellas por el pago. Este pasaje subraya la diferencia entre un ministerio auténtico, guiado por amor y sacrificio, y uno basado en intereses materiales.


Este mensaje es especialmente relevante en un mundo donde algunos líderes religiosos se preocupan más por acumular riquezas que por cuidar del rebaño. Jesús no condena el sustento de los ministros, pero sí enfatiza que su motivación debe ser el amor, no el dinero. Para los líderes cristianos, esto significa que deben reflejar el carácter de Cristo, sirviendo con humildad y dedicación. Para los creyentes, implica discernir entre líderes comprometidos con el bienestar espiritual y aquellos que priorizan intereses materiales.


iv. El Manejo Financiero y la Recolección de Dinero


En 1 Corintios 16:2, Pablo también proporciona instrucciones prácticas sobre cómo manejar las finanzas en la iglesia. Él escribe: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.”


Con estas palabras, Pablo enseña importantes principios para la administración financiera en la iglesia. En primer lugar, promueve la planificación y el orden. Al pedir que las ofrendas se recolecten con anticipación, evitó improvisaciones y aseguró una distribución eficiente de los recursos. Este enfoque también muestra su sensibilidad hacia las necesidades de los creyentes, asegurándose de que dieran con generosidad y sin sentirse presionados.


En segundo lugar, Pablo quiso evitar presiones innecesarias. Su deseo era proteger la dignidad de los creyentes y evitar cualquier apariencia de manipulación financiera. Este enfoque nos enseña que el manejo de los recursos en la iglesia debe ser transparente y responsable, siempre glorificando a Dios.


v. El Ejemplo de los Apóstoles


Pedro y Juan también reflejaron un espíritu de sacrificio en su ministerio. En Hechos 3:6, Pedro dice: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy.” Esta declaración subraya que el poder del evangelio no depende de recursos materiales, sino de la obra de Dios en los corazones.


Para los líderes cristianos, esto significa que el ministerio debe centrarse en servir y edificar espiritualmente, no en acumular riquezas. Para la iglesia, el ejemplo de los apóstoles nos recuerda que la verdadera riqueza no está en los bienes materiales, sino en la fidelidad a la Palabra de Dios y el impacto espiritual en las vidas de las personas.


El ejemplo de Pablo y los apóstoles establece un estándar claro para los ministros del evangelio: el ministerio no debe estar motivado por intereses económicos, sino por amor y sacrificio. Sin embargo, este ideal contrasta fuertemente con las enseñanzas modernas del llamado “evangelio de la prosperidad,” una doctrina que distorsiona el mensaje de Cristo al enfocarse en la acumulación de riquezas materiales. Ahora exploraremos cómo esta enseñanza herética se ha infiltrado en la iglesia y por qué los creyentes deben estar alerta para discernir la verdad.


III. ¿Cómo Podemos Discernir la Verdad Sobre el Dar en la Iglesia?


El acto de dar es una expresión central de la vida cristiana, pero discernir cómo hacerlo correctamente en la iglesia requiere sabiduría y cuidado. Como hemos discutido anteriormente, el dar bajo el Nuevo Pacto no está gobernado por leyes ni porcentajes, sino por un corazón transformado por la gracia de Dios. Sin embargo, las falsas enseñanzas, como el “evangelio de la prosperidad,” han creado confusión, manipulando las Escrituras para explotar la fe de los creyentes. Entonces, ¿cómo podemos discernir la verdad sobre el dar y honrar a Dios con nuestras ofrendas?


a. Consultar la Biblia como la Máxima Autoridad


El primer paso para discernir la verdad es recurrir a la Biblia como nuestra guía principal. 2 Timoteo 3:16-17 afirma que toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, redargüir y corregir, preparando al creyente para toda buena obra. Esto significa que cualquier enseñanza sobre el dar debe ser medida contra la Palabra de Dios, que es nuestra máxima autoridad.


Por ejemplo, como vimos anteriormente, versículos como Malaquías 3:10 son frecuentemente malinterpretados para imponer el diezmo como un mandato universal. Sin embargo, al estudiar su contexto, aprendemos que este pasaje se dirige al Israel del Antiguo Pacto, no a los cristianos bajo la gracia. La Biblia nos enseña que el propósito del dar es glorificar a Dios y suplir las necesidades de los demás, no cumplir con reglas legales o buscar recompensas materiales inmediatas.


b. Examinar las Enseñanzas en su Contexto Bíblico


Una clave para discernir la verdad es examinar las enseñanzas dentro de su contexto bíblico original. A menudo, los pasajes citados para presionar a los creyentes a dar han sido sacados de contexto. 2 Corintios 9:6-7, por ejemplo, se ha usado para prometer bendiciones materiales a quienes dan generosamente. Sin embargo, al considerar el contexto de esta carta, entendemos que Pablo hablaba de bendiciones espirituales y del impacto eterno del dar, no de un retorno financiero garantizado.


Del mismo modo, el enfoque en “tesoros en el cielo” en Mateo 6:19-21 nos llama a priorizar lo eterno sobre lo terrenal. Este pasaje no se refiere a ofrendas obligatorias, sino a un cambio de corazón que busca glorificar a Dios en todas las áreas de la vida. Estudiar las Escrituras en su contexto nos ayuda a evitar errores interpretativos y a comprender el propósito real del dar en la iglesia.


c. Reconocer el Propósito del Dar en la Iglesia


El propósito del dar en el Nuevo Pacto es profundamente espiritual. A diferencia del sistema del Antiguo Pacto, donde el diezmo era un mandato para sostener el templo y los levitas, el Nuevo Testamento nos llama a dar con generosidad y libertad como una respuesta a la gracia de Dios.


Primero, el dar es un acto de adoración. Como vimos en Filipenses 4:18, Pablo describe las ofrendas como un sacrificio agradable a Dios. Este enfoque nos recuerda que nuestras contribuciones son más que una transacción financiera; son una expresión de gratitud y fe.


Segundo, el dar refleja el amor de Cristo hacia los más necesitados. En Santiago 1:27, la verdadera religión se define como cuidar de los huérfanos y las viudas. Esto nos desafía a dirigir nuestras ofrendas hacia causas que reflejen el corazón de Dios, como el cuidado de los vulnerables y el avance del evangelio.


Finalmente, el dar es una manera de participar en la misión de la iglesia. En 1 Corintios 16:1-2, Pablo anima a los creyentes a apartar sus ofrendas con anticipación, mostrando que dar requiere planeación y un enfoque intencional. Este principio es relevante hoy, ya que nos llama a ser buenos administradores de los recursos que Dios nos ha confiado.


d. Identificar Manipulaciones y Falsedades


Como discutimos anteriormente, las falsas enseñanzas sobre el dar a menudo se caracterizan por tácticas de manipulación, como promesas de riquezas materiales o el uso indebido de versículos para infundir culpa. En contraste, el evangelio nos llama a dar desde un corazón libre y transformado, no desde un espíritu de obligación.


Los creyentes deben ser vigilantes y discernir entre ministerios que priorizan el bienestar espiritual de la iglesia y aquellos que buscan ganancias personales. Jesús, en Juan 10:11-13, advierte contra los asalariados, quienes no cuidan del rebaño con amor. Esta enseñanza nos desafía a apoyar ministerios que reflejen el carácter de Cristo y manejen los recursos con integridad.


After closely analyzing the conclusion, I see room for improvement to ensure it matches the depth, style, and structure of the earlier sections of the Bible study. While the current conclusion is strong, there are areas where it could better align with the comprehensive tone of the rest of the study. Here’s what I identified:


Conclusión


Al llegar al final de este estudio, podemos ver cómo las Escrituras nos han guiado a una comprensión más profunda del dar bajo el Nuevo Pacto. Hemos recorrido un camino que nos llevó desde el diezmo en el Antiguo Testamento, como mandato para Israel, hasta el llamado de Jesús y los apóstoles a dar con generosidad, amor y libertad. Este recorrido nos muestra que el dar no se trata de reglas o porcentajes, sino de un corazón transformado por la gracia de Dios.


Hemos examinado cómo las falsas enseñanzas, como el “evangelio de la prosperidad,” distorsionan el mensaje puro de Cristo al enfocar el dar en la acumulación de riquezas terrenales. En contraste, el evangelio nos llama a buscar tesoros en el cielo y a vivir como administradores fieles de los recursos que Dios nos ha confiado. Esta diferencia no es trivial; es el corazón del mensaje de Cristo sobre el dar.


Pero, ¿qué hacemos con todo esto? El llamado de las Escrituras no es solo entender, sino actuar. Como creyentes, estamos invitados a revisar nuestras prácticas de dar, a discernir entre la verdad y el error, y a vivir una generosidad que glorifique a Dios y bendiga a otros.


Llamado a Reflexión y Acción


Ahora que hemos aprendido estas verdades, hagamos una pausa para reflexionar:


  • ¿Cómo puedo aplicar los principios de este estudio en mi vida diaria?

  • ¿Estoy apoyando ministerios que reflejen la verdad de Cristo, o he sido influenciado por enseñanzas erróneas?

  • ¿Es mi forma de dar una expresión de fe, amor y gratitud, o se ha convertido en un acto mecánico o forzado?


El dar, como nos enseña la Palabra, no es un deber que nos esclaviza, sino una oportunidad para participar en la obra de Dios. Al reflexionar sobre esto, pidamos a Dios que transforme nuestro entendimiento, nos dé discernimiento y renueve nuestro corazón para dar con propósito y gozo.


Oración Final


Señor, te damos gracias por la claridad y la profundidad de Tu Palabra, que ilumina nuestras vidas y nos dirige en el camino de la verdad. Hoy venimos ante Ti, conscientes de las áreas donde hemos fallado en entender o aplicar Tus principios sobre el dar.


Te pedimos, Señor, que nos des corazones generosos, llenos de gratitud y amor por Ti. Ayúdanos a discernir entre las enseñanzas fieles y las falsas doctrinas, y a vivir como buenos administradores de los recursos que nos has confiado. Queremos que nuestras ofrendas sean una expresión de fe genuina, no un acto de obligación ni un medio para buscar recompensas terrenales.


Guíanos a apoyar ministerios que reflejen Tu verdad y que trabajen para edificar Tu reino. Te pedimos que uses nuestras vidas y nuestras ofrendas para bendecir a otros, glorificar Tu nombre y extender Tu evangelio.


En todo esto, Señor, queremos vivir para Tu gloria, buscando primero Tu reino y confiando en que Tú suplirás todas nuestras necesidades conforme a Tu perfecta voluntad. Gracias por ser nuestro Proveedor y por darnos el privilegio de participar en Tu obra.


En el nombre poderoso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, oramos. Amén.

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